Un día de Febrero

Un día de Febrero me sente decidida a escribirte un relato erótico, uno que contara cualquiera de nuestros encuentros, y no pude, comence a escribir y fueron saliendo palabras que no calzaban, pero q al parecer tenia ganas de decir.
Y es q supongo que por eso no puedo, supongo que por eso siempre termino diciendote lo que siento en vez de escribirte algo bien caliente, debe ser por eso... debe ser por que contigo jamás he podido tener sexo, debe ser por que contigo todo siempre es mucho más de lo que es. Debe ser por eso.
Y bueno ese día de Febrero termine contandote esta historia:
No tengo palabras exactas para definir lo que me produce, quiza podria considerarlo como un placer amoroso, un placer confiable, y también secreto, uno que conocemos solo los dos, uno que aún intentando describirlo, solo en la humilde intimidad que produce la cercanía de nuestros cuerpos, seria quizá descriptible. En esa ínfima y máxima intimidad nos reconocemos como personas, como amantes, como amigos, como dos seres que se quieren, odiando y amando el tremendo cariño, ese que cansa, ese que pesa, ese inevitable, ese inestable; es en la otra intimidad, en esa de la calle, en esa que se produce en público, en la que aprendo de él como de nadie, es en la que me enseña que la vida es más de lo que vivo, es en la que me entero de sus felicidades, de sus placeres, y ahora último, también de sus verdades. Ya en la oscuridad de mi cuarto, a contra luz, descubro que amo un par de lunares, unos específicos, uno en la pantorrilla, otro cerca del ombligo, y el último adornando el final de su mejilla; descubro mi debilidad por sus largos dedos; descubro la inminente y permanente necesidad por su olor- que el jura no tener- en las almohadas de mi cama; descubro que en su larga boca me pierdo, y con ganas, y que en el brillo de sus ojos me dormiría a lo menos toda una vida. Es así como lo descubro, en las distintas intimidades, es así como lo conozco, como lo he conocido, son esas mis certezas, las de ese placer explicito ante el miedo a perderlo: a él, al placer, a su olor, a sus lunares, a sus largos dedos, a su larga boca, al brillo de sus ojos, a su abrazo amplio, ese que me acoge. Ese es el miedo placentero, ese de perderme yo en el brillo de sus ojos, en ese cuerpo para mi perfecto, que comienza en su oscuro cabello para terminar en esos pies 47, e inevitablemente no encontrarme, desaparecer en el. Amo el desafío de un día volver a enamorarme, pero ya no solo en la intimidad -eso sería fácil- sino volver a enamorarme a secas, ese es, día a día, el desafío. Y es en ese deafio donde a veces devarío, me pierdo en mi cabeza buscando la punta de esta madeja. Recorro las calles de tu cuerpo buscando mariposas hasta en tu sexo, y se me van, se me arrancan de la manos con esas esperanzas en vano, y se me duermen los sentimientos dando paso a enfrentamientos que apaciguo, tranquila. No tengo apuro, ya ves, seguro un día me enamoro, otra vez, de tus ojos que asi como cerrojos me encierran cada día en tierras de nadie, en desiertos que arden, como tú, como yo, sin vientos esta vez, sin mariposas para correr, sin palabras de juramento, con miradas sin aspavientos, pero con tanto sentimiento. Asi seguro al paso, otra vez, de nuevo, termino en tus brazos.

1 Comments:
Que lindo que escribis. Recorri un poco, pero aun no termine. Que lindo blog. Saludos.
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