martes, noviembre 22, 2005

NUESTRA CANCIÓN

Al llegar frente al juez un escalofrío me recorre la espalda, llevo tiempo preparando esto, fue desde el mismo día en que me lo pidió, en aquel restaurante, en esa cena a la luz de las velas, que pagaba con su primer sueldo de fotógrafo;...... recuerdo! Me pasó a buscar a eso de las ocho de la tarde, me había pedido con un gran ramo de calas que me arreglara como nunca, que teníamos que hablar, y que quería verme más bella de lo que él decía yo era...; recuerdo. Me arregle como sabia le gustaba, ya lista me senté al borde de mi cama, aún faltaba media hora, así que esperé;... recuerdo! El timbre sonó, mi estomago sonó también, me levanté, pasé frente a mis padres, esbocé una sonrisa, no dije nada, salí a la puerta, salí a la calle, salí;... recuerdo! Él, de pie, esperándome, elegante como nunca, esperaba junto a un radio taxi, me abrió la puerta cortésmente, me sonrojé, subí, no hubo palabras ni miradas, ya en el auto, solo su mano larga sobre la mía, sólo el calor de esa mano, sólo eso;... recuerdo! Llegamos, él bien sabía que aquel restaurante me encantaba, me abrió la puerta, sacó mi silla para que tomara asiento, llegó el mozo, pedimos un aperitivo, mientras llegaba, nuestras manos se entrelazaron sobre la mesa, saciando los nervios, acallando las palabras;... recuerdo! Las palabras llegaron con el alcohol, esas palabras que eran nostalgia, que eran memoria, y que una a una él desempolvó, para sacarlas de ese baúl que habla sobre un nosotros, que guarda quince años de historia, de nuestra historia;... recuerdo! Lo recordamos todo, como empezamos, las veces que terminamos, por qué lo hicimos, los obstáculos que atravesamos, mi viaje, la espera, el reencuentro, lo recordamos todo;... recuerdo! Ya después de la cena, ya después del postre, en medio del café turco me llegaron sus palabras: “Amanda, me quiero casar contigo ¿quieres?”, “¡mierda!” pensé, no estaba en mis planes, el hombre de mi vida me pedía matrimonio, y no estaba en mis planes;... recuerdo! No hubo anillo, no al principio, le sonreí, respiré tan hondo como pude, y reprimiendo la razón, dejé hablar a la emoción, y un “ sí ” salió de mi pecho, hasta yo me sorprendí de mi importante decisión, nos ahogamos en un beso, dulce, acogedor;... recuerdo!. La habitación del hotel de aquella noche, siempre la misma, nos gustaba, esas palabras al azar que lanzamos sin pensar, contándonos el cómo sería esta vez, rogándonos el no abandonar, muertos de miedo los dos, tiritando mientras hacíamos el amor, mirándonos, absorbiéndonos con cada mirada;... recuerdo!. El despertar al día siguiente, la ropa tirada por el piso de aquella habitación, su cuerpo junto al mío, su sueño descansando con el mío;... recuerdo!
Miro a mi lado y Andrés esta ahí, me mira dulcemente, me sonríe, me susurra un “tengo miedo”, y luego un “te amo”, el juez le pregunta, le pide el sí, él seguro, lo da, luego la mirada del juez se dirige a mí, ahora debo responder, lo hago, digo que sí, rogando que esto funcione. Las palabras finales, eso de “los declaro: marido y mujer”, me produce escalofríos, me desconecto por un instante, sólo vuelvo cuando unos dedos largos toman mi cintura, me acercan a su cuerpo y su boca sella todo con un beso. Luego aplausos. Aplausos, sonrisas y felicitaciones, padres emocionados, padres aún desconcertados por la inminente decisión, padres que jamás pensaron que llegaría este día, y que aquí están, aplaudiendo, sonriendo y felicitándonos.
Ya está hecho, ya se acabó, ya nada nunca será lo mismo, llegó el comienzo, tengo miedo aún, pero ya no retrocedí, ya empecé. Lo miro a lo lejos, se ve feliz, me mira a lo lejos, se me ve feliz, susurra a lo lejos un “te amo”, y yo en su felicidad veo nuestra vida pasar, respiro hondo, y me lleno de ilusiones por lo que nos espera. Suena una canción, es nuestra canción, lo busco con a mirada, lo encuentro, camina hacia mí, toma mi mano y me saca a bailar, las luces bajan, la gente se aleja, nos envuelven en un círculo, nosotros bailamos, estamos entre nubes, Carole King nos hace enmudecer, sus dedos presionan fuerte mi espalda, mis caderas se pegan a las suyas, mi cabeza ahora descansa sobre su pecho, mientras él, aún siendo mi perdición, me hace cerrar los ojos, se detiene, toma mi cara entre sus dedos, y me despierta con un dulce beso.