Otro día más...
Andrés abre los ojos esa mañana, el techo es el mismo de siempre, la primera frase: "Otro día más...".
Mira a su lado, su madre aún duerme. Con la mente en blanco saca los pies de la cama, se levanta, e intentando hacer el menor ruido posible, se dirige al baño: ese lugar, ese espejo mil veces recorrido, que día a día le dan un aporte a su ego; con la cara aún húmeda sale del pequeño lugar, llega a su habitación; como siempre, es un caos, todo tirado, todo revuelto; se pregunta: "¿qué me pongo?", y como siempre termina con los mismos pantalones de siempre, la polera de hace tres días y su polerón predilecto; busca las zapatillas en medio de ese desorden tan conocido, al cabo de un rato las encuentra, no sabe para qué se las pone, si al final es lo mismo que andar sin ellas. En la puerta espera el taxi, mira el reloj en su celular, marca las siete con veinte minutos de la mañana; piensa "voy bien", llega el taxi, abre la puerta, y asciende al ya conocido vehículo.
- Buenos días joven ¿a dónde vamos?
- Hola, a Ramón Cruz con Irarrázabal, por favor.
El recorrido se hace en silencio; a 10 minutos de la salida, el taxi se detiene, él la contempla desde el asiento, y se repite "Otro día más...".
Al bajarse la observa con detención, camina hacia ella, ella lo mira, se levanta, y le da un cálido beso.
- ¿Cómo estas?
El silencio de él da a entender cualquier cosa, lo que ella se quiera imaginar.
- Mm... sí... bien.
Esa indecisión constante a veces la agobia, le duele, siente que no es nadie para él.
La conversación durante el trayecto se puede decir que fue trivial, ella siente que él no confía, que no es su amigo. Llegan a la esquina final.
- ¿Te veo hoy? - las facciones de Amanda indican que espera un sí.
- No sé, tal vez, si no tengo nada que hacer paso por tu casa.
Ella agacha la cabeza, para luego levantarla, sentirse la mujer menos querida; darle un beso e irse. Él baja la cabeza, se siente despreciable; ella no se lo merece, responde a ese cálido beso y se va.
Mil pensamientos giran en su mente, no sabe lo que quiere, lo que siente, lo que espera. Continúa caminando, se pregunta "¿qué tengo que pensar? ¿Qué tengo que sentir? ¿Por qué le hago daño? Si después de todo, no se lo merece."
Llega al colegio, están todos ahí, igual que siempre, y es tan sólo "Otro día más...", aparece Diego, su "gran" amigo, la pregunta es: “¿amigo?”
2:45 p.m., viernes, suena la campana, ya es hora de irse.
- ¿Quieres almorzar en mi casa? - Andrés se da vuelta; Diego, con acelerados movimientos, hace la invitación.
- No, hoy no.
Caminó, hundido en mil sentimientos, ya casi caminaba por inercia, "¿qué me pasa? ¿Qué me pasa?". No lograba entender esto, todo esto.
Al dar vuelta a la esquina venía Amanda hacia él, su cara se iluminó al verlo, lo abrazó con fuerza y pensó "es solo mío".
- ¿Quieres ir a mi casa almorzar?
- Sí...
Sonó tan conformista ese "sí...", él siempre era de esa manera… y ella lo quería tanto.
Caminan, van de la mano, en silencio. El camino se hace eterno, quedan sólo un par de metros. Llegan, están frente a la puerta; ella intenta abrir, Andrés, en un " ataque de amor", la abraza por la espalda y la llena de besos, Amanda cierra los ojos y sólo se deja querer.
3:30 p.m., Andrés va camino a casa de su padre, camina con la mente en blanco, sencillamente no quiere pensar en su vida, en "ella", en "ellas".
6:02 p.m., observa el techo y recuerda: se ve hace un par de años, intenta analizar su vida, y no concluye nada. "Debe ser que mi vida no es nada", piensa.
Suena el teléfono, se dirige hacia él, y con un rápido movimiento levanta el auricular.
- Aló!
- ¿Andrés? Soy yo.
- Ah, Diego, pensé que era la Amanda.
- ¿La viste hoy?
- Sí, estuve en su casa.
- Ah, ¿qué vamos a hacer en la noche?
- No sé, parece que tengo un carrete.
- ¿a dónde es?
- Arriba...
- Ya, te llamo más tarde.
- Bueno, oye ¿y la Mariana?
- Ahí está...
- Solo "¿ahí está?".
- Sí.
7:30 p.m., está solo, no haya nada más que silencio, aún está tumbado sobre la cama, no hay nadie, la casa vacía; a veces la casa le agrada así: vacía; a veces se siente bien así: sin nadie. Pero de vez en cuando, necesita estar con alguien, no por que ésta persona lo llene particularmente, es sólo el deseo de sentir que al menos para alguien vale la pena. Y entonces ahí, estaba Amanda, y cuando no era ella, antes y durante estaban "ellas".
Teléfono nuevamente, camina hacia él, y con algo de desgana lo levanta.
- ¡Aló!
- Hola mi amor ¿cómo estas?
- Bien ¿y tú?
- Bien. Oye ¿qué vas a hacer hoy día?
- Voy a salir con Diego ¿y tú?
- No sé todavía, quizá salga con mis compañeras.
- Ah... ¿y a dónde?
- Todavía no sé.
- Ah, bueno, de ahí te llamo.
- Ya, te quiero mucho, un beso.
- Un beso.
Silencio otra vez, pero ahora está ella, no lo deja. Piensa "a veces me ahoga, me cansa, me aburre, es tan... agotadora. Sé que esta ahí, sé que la tengo, que es mía, no es eso lo que preocupa, lo que me da vueltas en la cabeza todo el día es que yo sé que no soy de ella, que jamás lo voy a ser por completo. Yo la quiero, sé que la quiero, pero por más que lo intento no logro hacer que me guste, no puedo reconocer ante todos que estoy con ella, que es mi "polola", mi "algo", o no sé, no puedo..."
Maldito teléfono que no para de sonar; vuelve a caminar hacia él, y con algo de flojera, lo levanta.
- ¡Aló!
- Hola, soy yo.
- ¿Diego?
- Sí, ¿has hablado con alguien?
- No, todavía no, pero ya oh, si es temprano.
- Sí, está bien ¿tú me llamas?
- Sí.
“Pensemos... ¿qué es familia? No lo sé, nunca lo he sabido. ¿Qué es amor?... no sé, quizá es algo que uno siente por alguien, algo tal vez mas fuerte que tú, que yo, es tan fuerte que andas como imbécil todo el día, quieres hacer feliz a la otra persona siempre... ¿Qué es la felicidad? No lo sé, creo que nunca he sido feliz, no conozco la felicidad. ¿Qué es la soledad? Es estar con mil personas a tu alrededor y, sin embargo, sentirte triste, solo ¿abandonado?”
2567726...
- ¡Aló!
- Aló, está la Marcela.
- Sí, al tiro.
- ¡Aló!
- Marce, soy el Andrés, ¿que onda el carrete de hoy día?
- ¿Vas a ir?
- No cacho ¿cómo va a estar eso?
- No muy bueno, ¿te doy igual la dirección?
- Sí, por favor.
- Anota: XX XXXXX 323
- Gracias ¿tu vas a ir?
- No creo, estoy muerta.
- Pero quizá te haga bien.
- Tal vez, pero no creo que vaya.
- Ya, bueno, como quieras.
- Ya. Te dejo.
- Un beso.
3412701...
- Aló, ¿Diego?
- Sí, ¿qué onda?
- No va el carrete.
- ¿Cómo que no va?
- No poh, hable con la Marce y ella no va, además dice que va a estar muy mula.
* * *
- Ya... entonces yo me consigo algo.
- No. Yo cacho que voy a salir con la Amanda.
- ¿Por qué? ¿Qué onda? ¿No la hay sacado a pasear?
- Ya, no seai estúpido; solo quiero estar con ella.
- Mm... ¿haciendo qué?
- Ya.
2233169... "¡Maldición! ¿Por qué no contesta?"
- Aló!
- Hola ¿cómo estas?
- Bien, ¿y tú?
- Bien ¿al final, qué vas a hacer?
- Nada, me voy a quedar acá, no nos conseguimos ningún carrete ¿y tú?
- También se funó lo mío.
- Entonces ¿por qué no vienes a estar conmigo, y te quedas?
- Ahí veo...
- Bueno, como quieras.
- Ya, un beso, chao.
- Chao.
- ¡Oye!
- Que...
- ¿Y mi beso?
- Ya, un beso.
Hay pasos, se acercan, y esa voz tan conocida irrumpe en la habitación.
- Hola hijo ¿cómo te fue?
- Bien ¿y a ti?
- Bien ¿vas a salir?
- Sí.
- ¿Adónde vas?
- ... a la casa de la Amanda.
Apoya las manos sobre el sofá, con ambas se impulsa; se levanta, respira hondo, cuenta hasta diez, sin decir nada va a la pieza. El dormitorio es un caos, pasa por sobre todas las cosas y recoge su mochila; sale de la pieza, le da un beso a su padre; se dirige a la puerta, la abre, baja hasta el primer piso. La puerta de fierro se cierra a su espalda; dobla la esquina, camina hasta el paradero, y espera paciente la micro que lo llevará a casa de su ¿novia? ¿Polola? ¿Andante? Bueno, a casa de su "algo".
La micro se mueve a un compás pausado, el ruido del motor acompaña el suave movimiento. Mil imágenes giran en su mente, momentos vividos y por vivir.
Está en la puerta, cuenta hasta diez, toca el timbre.
- ¿Sí?
- Esta la Amanda.
- ¿Quién es?
- Andrés.
- Ah, Andrés, ya va.
Se escucha el abrir de la puerta, los pasos de Claudia, la hermana de Amanda, que se dirige hacia el portón. El portón se abre.
- Hola ¿cómo estas?
- Bien ¿y tú?
- Bien, la Amanda está en la pieza.
- Gracias.
Camina con la mente en blanco hacia la puerta, la que está entreabierta, empuja y se dirige a la pieza de Amanda. Al llegar, la ve, está dentro de su cama, y piensa "¿me habrá estado esperando?". Camina hacia ella, y sin mediar palabras le da un beso. Amanda responde a ese cálido beso con cierta parquedad, y se corre para que Andrés se recueste a su lado, en silencio.
En la televisión dan una de esas teleseries a las que Andrés considera "estúpidas", pero que igual ve. Es lo único que se escucha.
- ¿Te quedas?
- No sé...
Silencio.
Andrés la mira; a veces no sabe que hace con ella; llevan un mes juntos, y aún tiene la duda "¿por qué estoy con ella?".
- ¿Qué has hecho?
- Nada...
- ¿Cómo "nada"? ¿Has estado acostado en tu cama todo el día?
- No, a ver... fui al colegio, almorcé contigo, estuve en la casa de mi papá toda la tarde, él llego justo antes de que saliera para acá, y ahora estoy aquí, y tú ¿qué has hecho?
- Fui al colegio, estuve con el Ismael, almorcé con contigo, volví a clases y de ahí me vine a la casa, y ahora estoy acá.
- ¿Estuviste con Ismael? - se muestra molesto, aunque realmente no lo está.
- Sí, ¿por qué?
- No, por nada...
Andrés se voltea hacia la pared, Amanda sonríe y lo abraza, le gusta creerlo celoso, y Andrés lo sabe.
- Mi amor, hace frío ¿no tienes frío?
- Sí, mucho.
- Metete a la cama entonces.
Andrés la mira receloso, la conoce, sabe lo que vendrá durante la noche, por eso mismo sabe que se quedará. Se levanta, se saca las zapatillas casi inservibles, y se enreda en las sábanas con ella.
Se escucha el resonar de los pasos hacia el dormitorio, y por la puerta aparece la señora Paz, la madre de Amanda.
- Hola Andrés ¿cómo estas?
- Bien tía ¿y usted?
- No mejor que tú.- sonríe mientras los observa a ambos.
- ¿Quieren comer?
- No, gracias mamá.- Amanda responde risueña.
Amanda y Andrés ríen mientras la señora Paz se va.
10:00 p.m., Amanda se levanta, se desnuda y se pone el pijama; acto seguido, Andrés se levanta, se desviste hasta quedar con "boxer", Amanda avanza por el pasillo y se asoma en la pieza de sus padres.
- Mamá...
- Hija...
- ¿Andrés se puede quedar?
- ... yo creo que sí
- Sí, esta bien.- dice su padre.
- Gracias, buenas noches.
- Buenas noches, hija.
Amanda camina de regreso a la habitación haciendo planes de lo que hará con Andrés esa noche. Andrés no quiere pensar en nada, sabe que si lo piensa, se levanta y se va, se va a quedar, y sabe perfectamente lo que va a pasar, pero en fin, de todas maneras se va a quedar. Intenta imaginarse las cosas que pasarán esa noche, y alucina mientras Amanda regresa.
Se cierra la puerta, la ve dirigirse hacia la cama, se ata el cabello y entra a la cama con él. Se apaga la luz. Andrés siente como las manos de Amanda se deslizan por su cuerpo, y llegan a lugares donde nadie había llegado. Las manos inexpertas de Andrés recorren ese cuerpo, ansiado en algún minuto; esos senos que lo invadían todo. Andrés disfrutó esa noche como ninguna otra.
Andrés abre los ojos esa mañana, el techo es el mismo de siempre; la primera frase: "Otro día más...".
________________________________________________________________*
Para él... 18 de septiembre del 2002
Mira a su lado, su madre aún duerme. Con la mente en blanco saca los pies de la cama, se levanta, e intentando hacer el menor ruido posible, se dirige al baño: ese lugar, ese espejo mil veces recorrido, que día a día le dan un aporte a su ego; con la cara aún húmeda sale del pequeño lugar, llega a su habitación; como siempre, es un caos, todo tirado, todo revuelto; se pregunta: "¿qué me pongo?", y como siempre termina con los mismos pantalones de siempre, la polera de hace tres días y su polerón predilecto; busca las zapatillas en medio de ese desorden tan conocido, al cabo de un rato las encuentra, no sabe para qué se las pone, si al final es lo mismo que andar sin ellas. En la puerta espera el taxi, mira el reloj en su celular, marca las siete con veinte minutos de la mañana; piensa "voy bien", llega el taxi, abre la puerta, y asciende al ya conocido vehículo.
- Buenos días joven ¿a dónde vamos?
- Hola, a Ramón Cruz con Irarrázabal, por favor.
El recorrido se hace en silencio; a 10 minutos de la salida, el taxi se detiene, él la contempla desde el asiento, y se repite "Otro día más...".
Al bajarse la observa con detención, camina hacia ella, ella lo mira, se levanta, y le da un cálido beso.
- ¿Cómo estas?
El silencio de él da a entender cualquier cosa, lo que ella se quiera imaginar.
- Mm... sí... bien.
Esa indecisión constante a veces la agobia, le duele, siente que no es nadie para él.
La conversación durante el trayecto se puede decir que fue trivial, ella siente que él no confía, que no es su amigo. Llegan a la esquina final.
- ¿Te veo hoy? - las facciones de Amanda indican que espera un sí.
- No sé, tal vez, si no tengo nada que hacer paso por tu casa.
Ella agacha la cabeza, para luego levantarla, sentirse la mujer menos querida; darle un beso e irse. Él baja la cabeza, se siente despreciable; ella no se lo merece, responde a ese cálido beso y se va.
Mil pensamientos giran en su mente, no sabe lo que quiere, lo que siente, lo que espera. Continúa caminando, se pregunta "¿qué tengo que pensar? ¿Qué tengo que sentir? ¿Por qué le hago daño? Si después de todo, no se lo merece."
Llega al colegio, están todos ahí, igual que siempre, y es tan sólo "Otro día más...", aparece Diego, su "gran" amigo, la pregunta es: “¿amigo?”
2:45 p.m., viernes, suena la campana, ya es hora de irse.
- ¿Quieres almorzar en mi casa? - Andrés se da vuelta; Diego, con acelerados movimientos, hace la invitación.
- No, hoy no.
Caminó, hundido en mil sentimientos, ya casi caminaba por inercia, "¿qué me pasa? ¿Qué me pasa?". No lograba entender esto, todo esto.
Al dar vuelta a la esquina venía Amanda hacia él, su cara se iluminó al verlo, lo abrazó con fuerza y pensó "es solo mío".
- ¿Quieres ir a mi casa almorzar?
- Sí...
Sonó tan conformista ese "sí...", él siempre era de esa manera… y ella lo quería tanto.
Caminan, van de la mano, en silencio. El camino se hace eterno, quedan sólo un par de metros. Llegan, están frente a la puerta; ella intenta abrir, Andrés, en un " ataque de amor", la abraza por la espalda y la llena de besos, Amanda cierra los ojos y sólo se deja querer.
3:30 p.m., Andrés va camino a casa de su padre, camina con la mente en blanco, sencillamente no quiere pensar en su vida, en "ella", en "ellas".
6:02 p.m., observa el techo y recuerda: se ve hace un par de años, intenta analizar su vida, y no concluye nada. "Debe ser que mi vida no es nada", piensa.
Suena el teléfono, se dirige hacia él, y con un rápido movimiento levanta el auricular.
- Aló!
- ¿Andrés? Soy yo.
- Ah, Diego, pensé que era la Amanda.
- ¿La viste hoy?
- Sí, estuve en su casa.
- Ah, ¿qué vamos a hacer en la noche?
- No sé, parece que tengo un carrete.
- ¿a dónde es?
- Arriba...
- Ya, te llamo más tarde.
- Bueno, oye ¿y la Mariana?
- Ahí está...
- Solo "¿ahí está?".
- Sí.
7:30 p.m., está solo, no haya nada más que silencio, aún está tumbado sobre la cama, no hay nadie, la casa vacía; a veces la casa le agrada así: vacía; a veces se siente bien así: sin nadie. Pero de vez en cuando, necesita estar con alguien, no por que ésta persona lo llene particularmente, es sólo el deseo de sentir que al menos para alguien vale la pena. Y entonces ahí, estaba Amanda, y cuando no era ella, antes y durante estaban "ellas".
Teléfono nuevamente, camina hacia él, y con algo de desgana lo levanta.
- ¡Aló!
- Hola mi amor ¿cómo estas?
- Bien ¿y tú?
- Bien. Oye ¿qué vas a hacer hoy día?
- Voy a salir con Diego ¿y tú?
- No sé todavía, quizá salga con mis compañeras.
- Ah... ¿y a dónde?
- Todavía no sé.
- Ah, bueno, de ahí te llamo.
- Ya, te quiero mucho, un beso.
- Un beso.
Silencio otra vez, pero ahora está ella, no lo deja. Piensa "a veces me ahoga, me cansa, me aburre, es tan... agotadora. Sé que esta ahí, sé que la tengo, que es mía, no es eso lo que preocupa, lo que me da vueltas en la cabeza todo el día es que yo sé que no soy de ella, que jamás lo voy a ser por completo. Yo la quiero, sé que la quiero, pero por más que lo intento no logro hacer que me guste, no puedo reconocer ante todos que estoy con ella, que es mi "polola", mi "algo", o no sé, no puedo..."
Maldito teléfono que no para de sonar; vuelve a caminar hacia él, y con algo de flojera, lo levanta.
- ¡Aló!
- Hola, soy yo.
- ¿Diego?
- Sí, ¿has hablado con alguien?
- No, todavía no, pero ya oh, si es temprano.
- Sí, está bien ¿tú me llamas?
- Sí.
“Pensemos... ¿qué es familia? No lo sé, nunca lo he sabido. ¿Qué es amor?... no sé, quizá es algo que uno siente por alguien, algo tal vez mas fuerte que tú, que yo, es tan fuerte que andas como imbécil todo el día, quieres hacer feliz a la otra persona siempre... ¿Qué es la felicidad? No lo sé, creo que nunca he sido feliz, no conozco la felicidad. ¿Qué es la soledad? Es estar con mil personas a tu alrededor y, sin embargo, sentirte triste, solo ¿abandonado?”
2567726...
- ¡Aló!
- Aló, está la Marcela.
- Sí, al tiro.
- ¡Aló!
- Marce, soy el Andrés, ¿que onda el carrete de hoy día?
- ¿Vas a ir?
- No cacho ¿cómo va a estar eso?
- No muy bueno, ¿te doy igual la dirección?
- Sí, por favor.
- Anota: XX XXXXX 323
- Gracias ¿tu vas a ir?
- No creo, estoy muerta.
- Pero quizá te haga bien.
- Tal vez, pero no creo que vaya.
- Ya, bueno, como quieras.
- Ya. Te dejo.
- Un beso.
3412701...
- Aló, ¿Diego?
- Sí, ¿qué onda?
- No va el carrete.
- ¿Cómo que no va?
- No poh, hable con la Marce y ella no va, además dice que va a estar muy mula.
* * *
- Ya... entonces yo me consigo algo.
- No. Yo cacho que voy a salir con la Amanda.
- ¿Por qué? ¿Qué onda? ¿No la hay sacado a pasear?
- Ya, no seai estúpido; solo quiero estar con ella.
- Mm... ¿haciendo qué?
- Ya.
2233169... "¡Maldición! ¿Por qué no contesta?"
- Aló!
- Hola ¿cómo estas?
- Bien, ¿y tú?
- Bien ¿al final, qué vas a hacer?
- Nada, me voy a quedar acá, no nos conseguimos ningún carrete ¿y tú?
- También se funó lo mío.
- Entonces ¿por qué no vienes a estar conmigo, y te quedas?
- Ahí veo...
- Bueno, como quieras.
- Ya, un beso, chao.
- Chao.
- ¡Oye!
- Que...
- ¿Y mi beso?
- Ya, un beso.
Hay pasos, se acercan, y esa voz tan conocida irrumpe en la habitación.
- Hola hijo ¿cómo te fue?
- Bien ¿y a ti?
- Bien ¿vas a salir?
- Sí.
- ¿Adónde vas?
- ... a la casa de la Amanda.
Apoya las manos sobre el sofá, con ambas se impulsa; se levanta, respira hondo, cuenta hasta diez, sin decir nada va a la pieza. El dormitorio es un caos, pasa por sobre todas las cosas y recoge su mochila; sale de la pieza, le da un beso a su padre; se dirige a la puerta, la abre, baja hasta el primer piso. La puerta de fierro se cierra a su espalda; dobla la esquina, camina hasta el paradero, y espera paciente la micro que lo llevará a casa de su ¿novia? ¿Polola? ¿Andante? Bueno, a casa de su "algo".
La micro se mueve a un compás pausado, el ruido del motor acompaña el suave movimiento. Mil imágenes giran en su mente, momentos vividos y por vivir.
Está en la puerta, cuenta hasta diez, toca el timbre.
- ¿Sí?
- Esta la Amanda.
- ¿Quién es?
- Andrés.
- Ah, Andrés, ya va.
Se escucha el abrir de la puerta, los pasos de Claudia, la hermana de Amanda, que se dirige hacia el portón. El portón se abre.
- Hola ¿cómo estas?
- Bien ¿y tú?
- Bien, la Amanda está en la pieza.
- Gracias.
Camina con la mente en blanco hacia la puerta, la que está entreabierta, empuja y se dirige a la pieza de Amanda. Al llegar, la ve, está dentro de su cama, y piensa "¿me habrá estado esperando?". Camina hacia ella, y sin mediar palabras le da un beso. Amanda responde a ese cálido beso con cierta parquedad, y se corre para que Andrés se recueste a su lado, en silencio.
En la televisión dan una de esas teleseries a las que Andrés considera "estúpidas", pero que igual ve. Es lo único que se escucha.
- ¿Te quedas?
- No sé...
Silencio.
Andrés la mira; a veces no sabe que hace con ella; llevan un mes juntos, y aún tiene la duda "¿por qué estoy con ella?".
- ¿Qué has hecho?
- Nada...
- ¿Cómo "nada"? ¿Has estado acostado en tu cama todo el día?
- No, a ver... fui al colegio, almorcé contigo, estuve en la casa de mi papá toda la tarde, él llego justo antes de que saliera para acá, y ahora estoy aquí, y tú ¿qué has hecho?
- Fui al colegio, estuve con el Ismael, almorcé con contigo, volví a clases y de ahí me vine a la casa, y ahora estoy acá.
- ¿Estuviste con Ismael? - se muestra molesto, aunque realmente no lo está.
- Sí, ¿por qué?
- No, por nada...
Andrés se voltea hacia la pared, Amanda sonríe y lo abraza, le gusta creerlo celoso, y Andrés lo sabe.
- Mi amor, hace frío ¿no tienes frío?
- Sí, mucho.
- Metete a la cama entonces.
Andrés la mira receloso, la conoce, sabe lo que vendrá durante la noche, por eso mismo sabe que se quedará. Se levanta, se saca las zapatillas casi inservibles, y se enreda en las sábanas con ella.
Se escucha el resonar de los pasos hacia el dormitorio, y por la puerta aparece la señora Paz, la madre de Amanda.
- Hola Andrés ¿cómo estas?
- Bien tía ¿y usted?
- No mejor que tú.- sonríe mientras los observa a ambos.
- ¿Quieren comer?
- No, gracias mamá.- Amanda responde risueña.
Amanda y Andrés ríen mientras la señora Paz se va.
10:00 p.m., Amanda se levanta, se desnuda y se pone el pijama; acto seguido, Andrés se levanta, se desviste hasta quedar con "boxer", Amanda avanza por el pasillo y se asoma en la pieza de sus padres.
- Mamá...
- Hija...
- ¿Andrés se puede quedar?
- ... yo creo que sí
- Sí, esta bien.- dice su padre.
- Gracias, buenas noches.
- Buenas noches, hija.
Amanda camina de regreso a la habitación haciendo planes de lo que hará con Andrés esa noche. Andrés no quiere pensar en nada, sabe que si lo piensa, se levanta y se va, se va a quedar, y sabe perfectamente lo que va a pasar, pero en fin, de todas maneras se va a quedar. Intenta imaginarse las cosas que pasarán esa noche, y alucina mientras Amanda regresa.
Se cierra la puerta, la ve dirigirse hacia la cama, se ata el cabello y entra a la cama con él. Se apaga la luz. Andrés siente como las manos de Amanda se deslizan por su cuerpo, y llegan a lugares donde nadie había llegado. Las manos inexpertas de Andrés recorren ese cuerpo, ansiado en algún minuto; esos senos que lo invadían todo. Andrés disfrutó esa noche como ninguna otra.
Andrés abre los ojos esa mañana, el techo es el mismo de siempre; la primera frase: "Otro día más...".
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Para él... 18 de septiembre del 2002

1 Comments:
Me observo...tengo pantalones anchos...rayo las calles tratando de salir del anonimato... creo tener ver amigos en cualquier esquina... en cualquier lugar de Ñuñoa o La Reina...
Me convierto en un gigante egoista de 1,94 ke no kiere kompartir su corazón kon nadie...pero si kiere sentir amor y cariño a destajo...
Vuelvo al presente...ya no keda nada más ke leer...ya no keda nada más ke escribir...
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